Con Pinochet en el velador
En la urgencia de comprar materiales, decidí darme una vuelta por el gran Homecenter de Las Condes. Llegando al estacionamiento se me acerca un amable joven para ofrecerme un lavado al auto, me venía bien, era un asco. Negociamos un poco el precio y me fui tranquilamente a hacer mis compras. Me demoré poco, y al auto, que ya brillaba, le faltaba una última trapeada. Esperé al lado apreciando la nueva apariencia de mi vehículo. En eso se aproxima una señora similar a la de la foto, señora que como yo venía de hacer algunas compras en el mall, abre la maleta de su auto, y mientras guarda sus pilchas se anima a conversarle al joven que lavaba mi auto. Alcancé a escuchar que le preguntaba ¿por qué trabajaban tantos peruanos?, el joven, que era chileno, le responde que no sabía, que era cosa del jefe. No sé cómo es que la señora agarra vuelo, y empezó: - ¡Que son unos buitres!, ¡son sucios!, ¡le quitan el trabajo a los chilenos!A siete metros estaban los peruanos a los que la señora hacía mención. El joven y yo nos mirábamos con cara de sorpresa. La señora seguía y a mí se me empezaba a distorsionar lo que había comenzado como una preciosa mañana primaveral.
Mientras la señora creía que sus sentimientos eran normales, que estaba en lo correcto, su rostro adoptaba cierta mueca de confianza y su discurso adquiría volumen, en la enajenación empezó a gritarle a uno de los peruanos, ordenándole que moviera el carro (que ella había dejado), porque le tapaba la puerta y no podía subirse al auto. La señora parecía sentirse bien, o, mejor, parecía sentirse haciendo el bien, caminaba con cierto groove. En eso, me mira y con risita cómplice, me dice:
-¡Me cargan los peruanos!
Yo, que ya había acumulado bastante reaccioné con un:
-¡Muy mal señora, eso está para los fascistas, para los nazis!
Y empezó una ridícula discusión.
- ¿A ver si te dan trabajo allá?
- ¿Que tiene que ver eso?
- ¡Son unos cochinos, me cargan, que se vayan!
- ¡Ojalá gente como usted se vaya!
Después de tan creativo pin pon, la señora me grita:
-¡Muerto de hambre!
-Es cierto, estoy cagado de hambre, pero no te voy a comer a vos, ¡vieja inculiable!!!!!!
Pagué el lavado, nos sonreímos con el joven y me fui feliz. La mañana recuperaba su solcito.


3 Comments:
vieja in cu lia ble ...uf! fuerte...
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a mi parecer y en mi humilde opinion...lo peor es la mala educacion, ese derecho que se dan ciertas personas a ponerle la pata encima a otros por sentirse mas.
Seguramente esa vieja no le ha trabajado un peso a nadie en su vida, seguramente se come mas de un suspiro limeño de postre, y seguramente tienen una nana peruna a ala que tortura dia a dia...y sim, seguramente su marido opina lo mismo que tu en cuanto al tema final... o tal vez no.
le pintaria un VIVE Y DEJA VIVIR! in the face
exito
G.
pd: me embale :-P
Pucha ah?
Da rabia, impotencia...somos tan xenofobos los chilenos?...parece, hay mas de estas señoras de las que quisieramos admitir...
la provincia... los parroquianos...
lo mejor del cuento es esa respuesta rapida al final... de gran nivel el ingenio. si es un aderezo al cuento, meditado en la paz de un escritorio, lo encuentro notable... pero si de verdad le arrojaste esa frase a la vieja a la cara, en un cuarto de segundo, eres genio y tienes un caracter de la puta!!! asi que celebro desde Londres la "viveza criolla"... si el chileno dijera lo que piensa, sin importar quien es receptor de lo que diga, del modo como se arroja a cruzar la alameda, desaparecian rapidamente, las viejas fascistas y ese arribismo de corte nacional que hay en al provincia...
Un abrazo,
Paulo
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