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5/24/2006

Resfrío I

Cuántas veces ha pensado uno si cambiaría en algo ese pequeño asalto, esa decisión de momento. Si una vez emprendido el tranco, uno se detiene pensando en nada, tan solo vulnerado por una sensación de que algo falta, algo se le ha quedado, y retrocede dos pasos en busca de lo olvidado. En ese breve lapso, como en un rapidísimo testéo de memoria, comprueba que no es nada. Que todo va con uno. Infaltable la revisión de bolsillos, pareciera que todo lo indispensable se lleva entre piel y pantalón. Entre lo que se ve y lo que somos desnudos.

Una vez retomado el paso, el día sigue con lo que uno espera sea su curso normal. Pero sabiamente todo comienzo tiene una instancia de viaje, de trance, de adaptación a lo que será. (Por suerte. No me imagino cerrando la puerta de mi casa y al primer escalón de bajada tener que enfrentar algún conflicto). Siempre, o por lo menos la gran parte de las veces hay un viaje. Y es en éste, sea en el auto, la micro o a pié, cuando uno vuelve sobre lo mismo, sobre ese momento en el que se detuvo, retrocedió y perdió algunos segundos del flujo cotidiano. Y piensa. Esos segundos de nada… ¿habrán alterado en algo lo que será mi destino?, ¿habrá comenzado mal el día? Ese amague. Le temo a ese amague, algo hay detrás de ese pequeño espacio tiempo de vacío, es como cuando uno mete la cabeza debajo del agua en la tina, no sabes si te llamaron, si entró alguien a tu casa o si te darán un mazazo en la nuca.

La inercia dicta sobre estas sensaciones ambiguas, seguir el rumbo y lo que estaba planeado es lo que queda por hacer.

La última vez. 11:30. Ya estaba en la cola del banco. Al rato me percaté que no llevaba conmigo la libreta de ahorro. A la mierda la mañana. Sabía que algo se quedaba.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Mejor no ahorrar nada y meterse en la tina.

mayo 25, 2006  

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