Durazno
Murió el viejo ayer. Y aunque no fue condenado, se escuchaban los bocinazos de felicidad por Santiago. Desde la Plaza Italia se oían claritos. Que no se olvide eso.
Hoy, me compré en la mañana un par de duraznos en la esquina. Esos rojitos de verano que dan ganas de morderlos. Después, en el almuerzo, mientras escuchaba los comentarios que todos hacían,
un juguito rico caía por mi brazo
y se llevaba lejos los problemas del mundo.

3 Comments:
Nada que ver mezclar duraznos con dictadores, no te salio la poesía, lo siento.
Puta el viejo duro pa morirse!
yo me comí después la torta de jamón más rica de mi vida!
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