Metro
En Santa Ana el metro estaba tan lleno que apenas se podía respirar. Era la maldita hora alta, donde todo el mundo va al trabajo. La misma rutina de todos los días, hasta que te subiste en Baquedano y sentí el flechazo. Tu colonia me mato.
Pasaban los andenes y te miraba con temor, no sabía si te molestaba mucho que mi brazo estuviera metido entre tus tetas. En todo caso, el tiempo que estuvimos cerca lo recordaré para siempre como el trayecto que se me ha hecho más corto. Si recién cuando me empezaba a acomodar, nos bajamos en Bellavista de la Florida, perdiéndote después arriba de un colectivo. Ahora por las mañanas siempre trato de buscar el olor a 451 que quedó en los vagones, arrepintiéndome por dejarte ir tan fácil en dirección Millaray.
Pasaban los andenes y te miraba con temor, no sabía si te molestaba mucho que mi brazo estuviera metido entre tus tetas. En todo caso, el tiempo que estuvimos cerca lo recordaré para siempre como el trayecto que se me ha hecho más corto. Si recién cuando me empezaba a acomodar, nos bajamos en Bellavista de la Florida, perdiéndote después arriba de un colectivo. Ahora por las mañanas siempre trato de buscar el olor a 451 que quedó en los vagones, arrepintiéndome por dejarte ir tan fácil en dirección Millaray.


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