Jonathan I

Abrió lentamente la puerta y prendió la luz del living. Rápidamente, pegué una mirada para anticipar la jugada y supuse que el sillón blanco era el destino inmediato. Seguramente ella prendería el equipo y me preguntaría por mi preferencia para escuchar. Me equivoqué y no fue así. Empezó a sonar My Favorite Things de John Coltrane. Pensé en lo difícil que era poner música para otros, ya que nunca se sabe bien si la elección que se hace mata o prende el momento que se intenta construir, apareciendo con ello las dudas más infantiles. Me alegré muchísimo de que no me cediera esa responsabilidad.
De vuelta de la cocina con los cafés prometidos antes de entrar a su casa, sacó un pequeño cofrecito de madera, precioso para quienes se detienen en los objetos, con una tapa tallada en colores opacos e incrustaciones metálicas de pequeñas figuras geométricas. Enroló un cigarrillo de marihuana que extrajo de la cajita utilizando sus dedos sin torpeza. Mientras botaba el humo por su boca, y yo esperaba alcanzar su mano con alguna excusa motriz, se apoyó sobre mi rodilla para estirarse y acercar el cenicero de la mesa.
Aún me dejaba llevar e iba bien.


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