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12/25/2006

Jonathan II

Era verano y no hacía frío. La ventana se abría dejando entrar el ruido de la calle. Se oían pasar los autos de vez en cuando, mezclándose con las voces y el saxo soprano.
La miraba a los ojos y se me iban a su boca. Su brazo descubierto por el vestido estaba cerca ahora, y mi mano, medio encima. Como no fui rechazado, acerqué mi cabeza lento, con la seguridad de que ese pequeño gesto había cerrado la incertidumbre de cuándo iba por fin a ocurrir aquello. Iba derechito hasta que en centésimas de segundo tuve que volver atrás y hacer un movimiento corporal como queriendo tomar la taza de café. “¿Y que vai a hacer pal año nuevo?”, me había preguntado repentinamente.
Chucha, de lo que menos quería hablar. De nada en realidad, pero menos de eso. No tenía ninguna idea clara y tampoco creía en la pregunta. Parece que andaba apurado por el beso, interpreté, así que le contesté que nada, que tal vez Valpo, que tal vez sea Santiago u otro lugar, pero que ni cagando pagaba una fiesta de quince lucas. Con el vuelo del recuerdo festivo, me empecé a poner medio crítico con las fechas, como siempre lo hago, y se anduvo enfriando lentamente el diálogo hasta el letargo. Por suerte, cuando la escena se convertía en un hielo definitivo, acerté por primera vez en la noche. Remitiéndome a la estricta verdad de lo acontecido, reconozco que no tuve ningún mérito en darle la vuelta precisa para encender el ambiente, porque sólo para dejar de cagarla y callar por fin, le pregunté qué iba a hacer ella.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

zzzz......q historia mas fome!

diciembre 26, 2006  
Anonymous Anónimo said...

me gusta como los movimientos y las situaciones mas simples se transforman en algo especial dependiendo de la forma en que se miren, eso es vivir la vida desde adentro...

diciembre 27, 2006  

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